El diseño de programas es una actividad compleja que exige al planificador recoger informaciones diversas y tomar decisiones a lo largo de un proceso dilatado en el tiempo, que constituye sin duda una modalidad de investigación educativa no demasiado conocida bajo el nombre de investigación evaluativa. Y esto es así porque el diseño de programas no puede concebirse separado de una serie de procesos de evaluación convergentes como son la evaluación de las necesidades personales, grupales y contextuales de los individuos para los que se quiere generar un programa, la evaluación del funcionamiento de los diferentes elementos del programa diseñado, la evaluación de la estrategia de aplicación ideada y la evaluación de los logros obtenidos con el mismo.
Diseñar programas exige además
tomar decisiones en gran medida arbitrarias sobre aspectos como el modelo
teórico que estará a la base del programa, los destinatarios potenciales, la
metodología de trabajo a utilizar, el número y tipo de las actividades que
ofertará el programa, el sistema de evaluación, etc. La arbitrariedad de esas
decisiones reside en que en orientación, al igual que ocurre en el amplio campo
del trabajo social, no hay estrategias óptimas ni respuestas unívocas para los
problemas y necesidades de los usuarios, sino que nos enfrentamos a ellas
mediante un continuo proceso de construcción y ensayo de ofertas educativas o
asistenciales que son por naturaleza coyunturales y perecederas, en tanto en
cuanto el contexto es cambiante y exige constantemente tratamientos nuevos e
imaginativos para situaciones siempre iguales y siempre distintas.
Cuando se trata de un programa
dirigido a una institución, el diseñador ha de tener claro el nivel
institucional de utilización del programa, es decir, cual puede ser la
incidencia del programa en la organización. Algunas posibles situaciones son:
- Nivel superficial. Se entiende por talla utilización limitada de un programa, bien sea en cuanto al tiempo (una sola vez o de forma esporádica), en cuanto al alcance de sus objetivos (enseñar una porción de materia o unas destrezas concretas) o bien en cuanto al número de miembros de la institución implicados (un profesor para su clase).
- Nivel estratégico. La organización demanda un programa para el desarrollo de sus recursos humanos, para lo cual necesita ensayar y adoptar cambios duraderos en las formas de hacer -estrategias- de la institución; el programa va a afectar a la generalidad de los miembros de la misma y va a tener consecuencias en los roles hasta entonces ejercidos y, consecuentemente, en el status de los integrantes de la organización.
La consideración de esos dos
conjuntos de variables hasta aquí analizados nos daría las siguientes
situaciones de partida para el diseño de programas:
El diseño de programas encaminados a hacer frente a cualesquiera de esas demandas potenciales puede realizarse mediante la utilización por el (los) diseñador (es) de una de estas dos estrategias: a) el diseño "experto" y b) el diseño en colaboración. Ambas estrategias representan los dos extremos de un continuum que ocuparía el amplio espacio existente entre la participación total (todos los implicados en todos los momentos) en el diseño de un programa de intervención socioeducativa y la no participación a no ser como elementos referenciales.
Referencias Bibliográficas:
Álvarez Rojo, V. (s. f.). Diseño de programas de orientación. Universidad de Sevilla
Parras Laguna, A., Madrigal Martínez, A. M., Redondo Duarte, S., Vale Vasconcelos, P., & Navarro Asencio, E. (2008). Orientación educativa: fundamentos teóricos, modelos institucionales y nuevas perspectivas. Ministerio de Educación, Política Social y Deporte. ISBN 978-84-369-4585-0
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